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El “tsunami del envejecimiento”: la amenaza que alerta a Chile ante una población que se avejenta como país desarrollado con baja natalidad.

Ilustración: Camila Cruz


Cifras de 2023 acaban de dar cuenta que el país está en la peor época de fecundidad de su historia. Las mujeres están trayendo 1,3 niños al mundo, versus los 5,4 en la década del 60, según el informe demográfico del INE. Un año antes, la misma institución publicó una alerta de envejecimiento de la población. Éste asegura que en 12 años más -2035-, la población mayor a 60 años superará a la menor de 15 años. Para el 2050, uno de cada tres chilenos tendrá más de 60 años. Y uno de cada 10, tendrá sobre 80 años.


Andras Uthoff, Doctor en Economía de la Universidad de California, define el fenómeno como un "tsunami del envejecimiento", que este año y según el INE, se traduce en tres millones y medio de personas con más de 60 años en nuestro país. Casi un 20% de la población. Pero el modelo nacional no ha permitido que la economía y el mercado laboral se adapte. "Chile está envejeciendo, pero con un mercado de trabajo precario", dice. "Hay muchos adultos en edad de trabajar, pero sin oportunidades ni ingresos adecuados", añade.

“Necesidades de la empresa”. Esa fue la razón que le dieron a Alfredo Smith (61), luego de que el banco en el que trabajaba hace 36 años, como administrador financiero, lo despidiera. Asegura que nunca le habían hecho ver algún error en su puesto y que, por lo mismo, quiso indagar más en lo que había sucedido. Así se enteró de la verdadera razón de su despido: la edad. “Decían que había métodos que estaban obsoletos, que iban a cambiar los softwares y el manejo de la tecnología. Por eso necesitaban contratar a otra persona. En vez de capacitarme”, recuerda.


Desde entonces han pasado dos años. En su casa, donde vive junto a su hijo universitario y su señora, ha postulado a 40 empleos distintos. Solo ha obtenido dos respuestas. En la primera, le mandaron un correo diciendo que no cumplía los requisitos. A la segunda, llegó a la entrevista y se dio cuenta que solo había personas menores de 35 años para el cargo. “Supe inmediatamente que no tenía ninguna posibilidad”, dice hoy. “Hubiese esperado que la empresa que me despidió tuviera un sistema de reinserción para mí. Es una maldad sacar a alguien de su puesto y dejarlo sin oportunidades solo por su edad”, critica.


“Cuando uno busca la definición de viejo en la RAE, en ninguna parte sale nada malo dentro de esa definición”, explica Carlos Román, director de SeniorLab UC. “Pero seguimos desechando los muebles que se ven viejos y seguimos poniendo signos de pregunta en las velas del cumpleaños. En Chile no tomamos en cuenta las bondades de la longevidad”, plantea.


Un año antes, la misma institución publicó una alerta de envejecimiento de la población. Éste asegura que en 12 años más -2035-, la población mayor a 60 años superará a la menor de 15 años. Para el 2050, uno de cada tres chilenos tendrá más de 60 años. Y uno de cada 10, tendrá sobre 80 años.


El efecto en el mercado laboral de este envejecimiento radica en que solo 530 mil de los seis millones y medio de personas que trabajan formalmente hoy, tienen más de 65 años. Y tres de cada 10 personas del mismo rango etario tienen un empleo informal.


Cómo la vejez se tradujo en un déficit de mercado.


Antiguamente se decía que la fecundidad de los países -o la posibilidad de la renovación de la población- caía si es que el país se desarrollaba. Andras Uthoff, Doctor en Economía de la Universidad de California y miembro de las comisiones asesoras de revisión del sistema de pensiones desde 2006, explica que en América Latina pasó todo lo contrario.


En la década del 50, la región se estaba sobrepoblando muy rápido sin desarrollarse. Por eso, se aplicaron políticas públicas para el control de la natalidad y gran parte de la caída de la fecundidad respondió a lineamientos que tenían los organismos internacionales. En un periodo de 70 años, la fecundidad cayó, pero en Chile lo hizo más rápido. “El grupo de jóvenes se empezó a reducir por la caída de la fecundidad. Los que ya habían nacido, incrementaron mucho la población en edad de trabajar y ahora, en 2024, la población en edad de retirarse”, explica.


Así empezó lo que Andras Uthoff define como el “tsunami del envejecimiento”, que este año y según el INE, se traduce en tres millones y medio de personas con más de 60 años en nuestro país. Casi un 20% de la población.

Pero el modelo nacional no ha permitido que la economía y el mercado laboral se adapte. “Chile está envejeciendo, pero con un mercado de trabajo precario”, dice el Doctor en Economía de la Universidad de California. “Cuando teníamos muchos jóvenes y pocos viejos, había pocos en edad de trabajar y tampoco eran muy productivos porque la educación de calidad no se había ni desarrollado en esa época -1950-. Eso provocó que hoy tengamos muchos adultos en edad de trabajar, pero sin oportunidades ni ingresos adecuados”, continúa.


Según el especialista, esto se ha traducido en que el mercado de trabajo es precario y hay mucha informalidad, planteando que alguien en esta condición “apenas está subsistiendo, que no tiene posibilidades de acceso a créditos o a los canales de comercialización. En consecuencia, cuando le dicen que tiene que cotizar en la seguridad social, siente que no es el momento para hacerlo porque con suerte subsiste el día a día”, añade. En otras palabras, no tiene capacidad de ahorro.

Es aquí donde entra la discusión sobre las pensiones que deberían subsidiar un envejecimiento digno. Pero con el modelo actual, no es posible, según expone Andras Uthoff, quien explica que mirar un sistema de pilares mixto para la reforma -el método que se está analizando actualmente-, solo daría resultado en un sistema que ya funciona.


Según el académico, Chile no es el caso. “Cuando uno dice ‘cambiemos la edad de jubilación, bajemos a tasa de reemplazo, cambiemos la tasa de cotización’, eso solo daría resultado si tuviésemos un sistema que está funcionando bien. Nosotros no tenemos un sistema que funcione bien, menos con un sistema de capitalización individual donde cada uno se salva solo”.


Soluciones acordes a Chile, no Europa.

Claudia Trejo (56) quedó sin trabajo a los 52 años. Cuenta que nunca había tenido problemas de estabilidad laboral, hasta que su empresa la despidió sin justificación. Asistió a varias entrevistas durante un año. Su currículum estaba lleno de jefaturas en administración pública. Pero las empresas preferían a alguien más joven. “Yo estaba buscando continuar mi carrera, pero nadie quería pagar por mi nivel de experiencia. Se sintió terrible haber trabajado durante 30 años de sol a sol, para que luego me dijeran que nada de eso servía porque era muy cara”, cuenta.


Víctor Villarreal tiene 33 años. Pese a que está lejos de los 56 años de Claudia Trejo, confiesa que varias veces le han dicho “caballero” en la calle. Una situación anecdótica que lo ha llevado a cuestionarse si sentirse viejo o no, pero el haber quedado sin trabajo por primera vez lo ha inclinado a la primera opción. En especial, porque no ha logrado encontrar un puesto que pague por los años que ha invertido en estudios y experiencia.


Su edad es un tema para las agencias a las que ha postulado, ya que, según relata, “soy muy caro y viejo para el área en la que tengo experiencia. Prefieren contratar a alguien recién egresado que darme la oportunidad a mí”, asegura.


Una situación que lo puso en alerta, ya que, según su percepción, en la profesión de publicista las empresas están contratando personas que han egresado recientemente de la universidad. Esto lo llevó a tomar la decisión de estudiar una nueva carrera. “Entré al mundo de la programación porque me cansé de bajarme el sueldo para entrar en cargos donde estaba sobrecalificado. Cuando traté de buscar trabajo en esta nueva área, era muy viejo para tener tan poca experiencia. Estoy en un limbo, condicionado por una edad en la que aún debería tener oportunidades de desarrollar mi carrera”, dice.


“Sigue existiendo la discriminación dentro de las empresas y los organismos públicos. Hay que entender que esto no es emplear por emplear, hay un valor económico que estas personas entregan a las empresas y a la economía nacional”, dice Carlos Román, quien dirige el laboratorio de innovación social SeniorLab de la Universidad Católica.

Para Andras Uthoff, ese valor no se ve porque es la “mentalidad de mercado” la que ha provocado que no exista conciencia sobre la importancia de las personas que se acercan a un grupo etario que está siendo relegado en la economía. “Hoy, la discusión del sistema de pensiones la dominan los bancos, las financieras, los fondos. Ellos están interesados en las pensiones por el tema financiero, no porque la gente tenga una mejor vejez”, explica. “Así, ignoran que gran parte de la fuerza laboral no está en condiciones de ahorrar para un futuro. Solo busca sobrevivir”, continúa.


Ese mercado ha generado una ilusión de desarrollo que, según los especialistas, no está beneficiando a la gente. “Chile está envejeciendo como si fuera un país desarrollado, pero no lo es. El mercado lo cree así desde que inició el sistema de capitalización individual”, dice el economista." Hoy estamos pensando en un sistema de pilares mixtos que funciona en Europa con niveles altos de productividad. Pero aquí, tenemos que definir soluciones acordes a nuestro tamaño y a nuestras posibilidades con un sistema disfuncional”, advierte.


El proyecto de reforma de pensiones del actual gobierno ingresó a la discusión el 7 de noviembre de 2022. “La propuesta no considera cambios en la edad de jubilación, pero busca mejorar de forma sustantiva las pensiones de los actuales y futuros jubilados, con un foco especial en las mujeres”, explica Jeannete Jara, ministra del Trabajo y Previsión Social. Antes, la creación de la Comisión Bravo en 2015 y el Informe del Consejo Asesor para la Reforma Previsional en 2006 ya ponían el tema en la palestra. marcando 16 años de conversaciones sin resultados con reformas a largo plazo.


Carlos Román cree que hay que ser más disruptivo para levantar el tema en la agenda social en pos de un cambio y pone como ejemplo el subsidio Experiencia Mayor del Sence para que las empresas contraten personas mayores de 55.


La ministra Jara, por su parte, asume que “es un hecho que en Chile, tal como en países desarrollados o en vías de serlo, se observa un acelerado proceso de envejecimiento demográfico“. Agrega que “por eso en 2024, el programa Chile Cuida dará sus primeros pasos. La idea es mejorar la calidad de vida de personas que requieren cuidados y de las personas cuidadoras”.


Cambiar la cultura y dejar a la vejez ser.

Eduardo Ramírez (64) cuenta que después de buscar trabajo formal durante ocho años -mientras hacía sus propios proyectos a boleta-, decidió que no iba a mandar más currículum porque no le respondían. Contactó a unos amigos que eran dueños de una empresa y que necesitaban a alguien “mayor” para que nivelara a los jóvenes del recambio generacional. Así, volvió al mercado laboral después de los 60.


Hoy se cambió a una empresa alemana donde le preguntaron la edad y después le pidieron perdón por hacerlo. “No querían hacerme sentir mal ni discriminarme. Solo querían evaluar como adaptar el proyecto al que estaba postulando a mis expectativas profesionales durante los próximos años. Eso nunca me pasó en Chile”, cuenta.


Ante el avance de la generación mayor de 60 años en el mercado laboral sin un cambio cultural y políticas públicas, Andreas Uthoff plantea que un aumento en la tasa de natalidad no funcionaría en Chile.


“Es cierto que hay que tener una base de fuerza trabajadora joven para sustentar uno de los pilares de las pensiones, pero esos niños van a empezar a aportar en 20 años más. Cuando haya más posibilidades de que los empleos sean reemplazados por innovaciones tecnológicas”, expone.

Por ello, entre las soluciones a corto plazo está examinar cuáles son realmente las condiciones para que la gente pueda cotizar, sobrevivir bajo el modelo ya está instalado. “Las AFP no van a funcionar mientras la productividad siga a la baja. Si los países productivos tienen menos natalidad, no es la solución traer más niños tampoco. Entender la necesidad de dejar de sobrevivir para vivir y ahorrar es inminente. De eso depende el aporte del Estado, de los impuestos y de lo que cada uno pueda hacer desde su fuerza trabajadora”, sentencia.



Fuente: The clinic


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